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La infancia de antes.

Muchos consideramos la infancia como aquella etapa llena de ilusión, sorpresas, motivación… Un periodo en el que nos sobra energía y ganas por hacer cosas, por investigar y conocer, por avanzar en nuestras vidas; pero, sobre todo, de disfrutar de cada instante.

Es una etapa donde el juego es protagonista (o lo era).

Antes, pasábamos horas interminables inventando mil y una historia, donde los minutos se pasaban volando y la imaginación y creatividad caracterizaban cada instante.

Sin embargo, hoy día no ocurre lo mismo, ya no vemos estos preciosos y necesarios momentos.

Los niños y las niñas carecen de tal valioso tiempo.

 

La rutina de hoy en día.

La rutina diaria de los niños y niñas se compone de quehaceres y tareas que abarcan todo el día:

Se levantan bien temprano, luego van al colegio, cuya jornada escolar tiene un mínimo de 5 horas,  aunque algunos jornadas son más largas, ya que se extienden hasta por la tarda con las tareas extraescolares (clases de idiomas, clases de ábaco, etc.)

Luego, continuan con una hora y media de danza, baloncesto, fútbol…  Y hasta por la tarde noche, momento en el que llegan a casa y, ¡hay que hacer las tareas del cole!

Con suerte solo serán algunos ejercicios (5 u 8 actividades)… ah, ¡ y mañana examen de natu!

Podemos resumir estas tareas extras en unas 5 horas… Después de acabarlas, ya serán las 20:00 h. Hora de ducharse, cenar e ¡ir a la cama!

Pero… ¿Y el tiempo para jugar?

IMPOSIBLE.

 

No por más es mejor.

Y es aquí donde deberíamos deternernos y reflexionar. Nuestros niños y niñas están tan ocupados diariamente que no disponen de tiempo para disfrutar de algo tan necesario y valioso como es el juego, el tener tiempo para ellos o ellas, para no hacer nada, para aburrirse…

Están tan sobrestimulados y excesivamente cargados que ven pasar su vejez a un ritmo vertiginoso.

Esto, claro está, es producto de los adultos, los padres fundamentalmente. Pues queremos que sepan idiomas, que su cálculo mental sea rápido, ágil… Que practiquen algún deporte y, si puede ser, vayan a competiciones con periodos de entreno de largas temporadas…

Un sinfín de actividades que creemos que les benefician y no nos damos cuenta que le robamos algo tan básico como es vivir y disfrutar de esta etapa tan maravillosa.

No por más es mejor.

Diversos estudios demuestran que el juego en los más pequeños es fundamental para su desarrollo. Contribuye en diversas habilidades imprescindibles para los menores.

Por eso, dejemos que jueguen, no planifiquemos tanto, sino que haya cabida a la creación, imaginación y al pasar valiosos e inolvidables momentos de disfrute sin objetivos productivos.

Dejemos que sean niños y niñas.

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