El estrés es necesario para sobrevivir y aprender. Mueve la adrenalina, y la adrenalina le da un mensaje claro a nuestro cuerpo; ¿cuál?, que tienes que movilizarte, ya sea para defenderte, para conseguir algo que quieres, para buscar algo, para sobrevivir, para lo que sea, tienes que moverte. Se activan una serie de mecanismos neuroquímicos que cargan de energía a nuestro cuerpo y diversas áreas cerebrales encargadas de dirigir la acción de forma efectiva y posibilitan su movimiento.  

Tres momentos claros en el proceso:

Una vez que se desencadenan los mecanismos del estrés, podemos observar tres momentos claros en el proceso. 

  1. Primero aparece el momento de alerta ante un suceso, ya sea de nuestro propio organismo, como las ganas de comer, o un suceso que ocurre en nuestro ambiente. Se trata de un aviso que nos dice que algo ocurre. Cuando algo ocurre y nos concierne, debemos dar una respuesta.
  2. Un segundo momento, que es el de la activación, es decir, una acción que me permite dar respuesta al suceso que genera la alerta.
  3. Si tras la activación, no hemos conseguido obtener aquello que disminuya el nivel de alerta, en el caso de la comida, aparece el momento del agotamiento.

Podemos así resumir el proceso del estrés en tres fases: alerta, activación y agotamiento.

Imagina que, como adulto, tienes ganas de comer (estímulo interno que genera una alerta), tu cuerpo comienza a segregar una serie de hormonas y neurotransmisores que te ayudan a ponerte en pie e ir a la cocina (activación-acción); abrir la puerta de la nevera, activar el proceso de atención selectiva y buscar aquel alimento que más te guste o que en ese momento te ayude a saciar las ganas de comer que tienes, es decir, disminuir el estado de alerta.

El estado de alerta activa toda una serie de procesos relacionados entre sí que te ayudan a volver a un estado de “tranquilidad”, desactivando el mecanismo del estrés antes de llegar a la fase de agotamiento, cumpliendo con su misión.

Cada vez que el mecanismo del estrés se pone en funcionamiento mi mente se robustece, porque voy aprendiendo recursos para sobrevivir. En definitiva, es un modo físico-psíquico de reaccionar a un desafío.

El ser humano desarrolló este mecanismo para afrontar sobre todo peligros: cazar animales, evitar ser herido, conseguir comida o proteger a las crías. 

Los factores estresantes han cambiado.

Sin embargo, hoy día no nos tenemos que preocupar por esas cosas. Los factores estresantes han cambiado. Entonces, ¿cuál es el problema?.

Pensemos por un momento cuáles pueden ser los factores estresantes en nuestra cultura. La mayoría de las personas se quejan de no llegar a conseguir aquello que se supone que deben hacer. Están completamente enfrascadas en ciclos de auto-exigencia relacionados con el trabajo, el dinero, la apariencia, el estado físico, los hijos e hijas, etc. Y como contrapunto a esta exigencia, se encuentra el imperativo cultural: ¡Disfruta!

Es la guinda del pastel, la gota que colma el vaso, el tener que disfrutar siendo un esclavo de la imagen y el capital. 

A estos evidentes factores estresantes de tener que ser algo así como un chicle para poder llegar a todos lados, se añade la historia personal de cada uno, las tramas familiares, los miedos, las vivencias subjetivas que pueden incrementar los niveles de estrés. 

Resulta, para la mayoría de los mortales, imposible cubrir todas las expectativas, siempre queda algo por hacer, lugares donde uno nunca llegó, cosas que uno nunca consiguió. Y cuando estas expectativas son percibidas como exigencias incuestionables y vividas como si se trataran de un mamut que viene a por ti, ¡ALERTA! Activación del mecanismo del estrés. 

El frenesí que esto supone lleva a muchísimas personas a estar en una constante activación del mecanismo de estrés, que pasa por las tres fases, incluido el agotamiento, ¿y qué pasa cuando una y otra vez llegamos al agotamiento?

Alerta, amenaza, alerta, amenaza, noradrenalina, cortisol, noradrenalina, cortisol, y el cortisol afecta a nuestro organismo e impide que se establezcan conexiones neuronales importantes. ¡Socorro! No puedes aprender, no puedes disfrutar, no puedes dormir bien, no comes nada o comes demasiada azúcar para sentirte mejor y no puedes parar de pensar en todo lo que tienes que hacer y no has hecho. Solo de leerlo ya estresa. 

Según la revista Medlineplus, de divulgación científica, los problemas de salud derivados del estrés crónico pueden ser: presión arterial alta, insuficiencia cardiaca, diabetes, obesidad, depresión, ansiedad, acné o eczema, problemas menstruales. Y los síntomas más visibles: diarrea o estreñimiento, mala memoria, dolor de cabeza, falta de energía, problemas sexuales, cuello o mandíbula rígidos, cansancio, problemas para dormir, malestar de estómago, uso de drogas para relajarse (incluidas las legales), pérdida o aumento de peso.

Y ahora, la pregunta: ¿Estás estresado, a?

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