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Las vacaciones son un elemento reforzador que nos permiten realizar un cambio de rutinas y dedicar más tiempo al descanso y al disfrute. Por eso, en general cuesta mucho volver a la rutina tras estar este periodo.

Tanto puede llegar a costar esta transición, que incluso se ha descrito un síndrome llamado el “síndrome postvacacional”. Este síndrome se produce cuando no se consigue una correcta adaptación a la rutina tras el periodo de vacaciones. En este caso, se produce sensación de tristeza, apatía, falta de energía, carencia motivacional, ansiedad…

Si bien es cierto que estos síntomas no suelen durar más de un par de semanas, pueden suponer un problema. Y es que, si relacionamos el periodo vacacional con el ocio, el disfrute y el descanso; y el periodo de tiempo en que debemos trabajar, con tristeza y desidia, al final encontramos que nos encontramos con sensaciones negativas la mayor parte del año. Por eso, es muy importante cuidar esta transición y realizarla de la mejor manera posible.

Aquí es donde entramos a hablar de los niños, y es que, si los adultos tenemos esta sensación de apatía, los más pequeños también experimentan esta sensación. Imagínate, en las vacaciones de navidad los niños se encuentran en un estado de felicidad suprema y la vuelta al cole puede llegar a ser muy dura para ellos.

Con todo ello, te vamos a dar algunos consejos para hacerles esta transición más llevadera y que la puedan ver incluso como una etapa de positividad y alegría.

Consejos para la vuelta

• Progresividad

Con esto queremos decir “ir poco a poco”. En general, lo ideal es que los niños durante todas las vacaciones mantengan más o menos estables sus horarios, sobre todo sus horarios de sueño. Si durante el periodo escolar, el niño se va a la cama a las 21:00 y durante las vacaciones, esto se alargaba hasta las 23:00 o incluso más tarde, sus ritmos de sueño han cambiado en este periodo y volver a la rutina de acostarse será mucho más difícil. Por eso, es muy importante mantener estos horarios más o menos estables.

Otra forma de “progresividad” es la relacionada con las tareas. Sería bueno que durante las vacaciones hayamos mantenido alguna rutina con relación a las tareas escolares. ¡Ojo! Esto no significa que convirtamos las vacaciones en una extensión del colegio, no. Las vacaciones deben tener para los niños una función reforzadora y reparadora. No obstante, sí que podríamos mantener de cierta manera algún ratito al día en que nos dediquemos a leer un poco, escribir algo creativo que nos guste, hacer competiciones de matemáticas Aspectos que nos ayuden a mantener cierta conexión pedagógica, pero disfrutando de las vacaciones. Si hemos mantenido cierta rutina, será menos difícil volver al cole.

En resumen, se trataría de no volver a la rutina de forma brusca e intensa, sino que tendríamos que irnos adaptando de forma gradual y trabajando con los tiempos.

• Implicación

Implicar a los más pequeños en la vuelta al cole. Por ejemplo, vamos preparando con ellos la mochila, los apuntes, podemos comprar algún elemento nuevo que a ellos les guste (una libreta de sus dibujos animados favoritos, un bolígrafo decorado y llamativo…). Cositas que a ellos les ayude a ilusionarse y a tener expectativas positivas al volver.

• Comunicarnos con ellos de manera positiva

Podemos ir resaltando lo bueno de la vuelta al cole: “¿te imaginas cuando vuelvas y todos cuenten las cosas que han hecho en navidad?”. Se trata de generar en ellos esas “ganas” de descubrir las novedades que ha habido durante este periodo en que ellos no estaban presentes.

Otra forma muy potente de comunicación positiva es hablarles de los compañeros: “Oye, ¿qué le habrán regalado a Pablo? ¡Seguro que tiene muchas cosas guays que contarte!”.

Un aspecto a tener en cuenta en la comunicación con nuestros hijos es evitar alimentarle en su tristeza. Si el niño se siente apenado y no quiere volver al cole, no podemos mostrarnos con la misma actitud que él utilizando frases del tipo: “bueno, así es la vida” “lo bueno dura poco” “no todos los días son fiesta”. Se trata de todo lo contrario, de hacerle ver al niño que esta etapa es necesaria y que puede ser muy positiva.

• En resumen, ¡sé comprensivo!

Es muy importante tener en cuenta que será una etapa que, en general, a los niños no les gusta y que puede ser que nos expresen sentimientos de tristeza. Por ello, es importante que no invalidemos sus sensaciones ni les transmitamos que son una “tontería”. Aunque no entremos, come hemos mencionado anteriormente, a alimentar su negatividad, sí que debemos ser comprensivos y apoyarles.

Convirtamos así esta etapa en algo motivador, divertido y oportunidad para nuevos retos.

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